La Vida de Jesús

     Cuando el hermano Pepito desencarnó  yo tenía veintisiete años y su lugar de atención al público estaba muy ceca de donde yo tenía mi oficina de trabajo. Los pacientes fueron a ver al hermano Pepito sin saber que había desencarnado y entonces el muchacho que, con su familia, estaba en el lugar de atención del hermano Pepito, me llamó para decirme que no sabía que tenía que decirles. Yo le respondí que iba al instante y atendí a los pacientes sin que ahora pueda recordar que es lo que les dije. Como esta acción tenía lugar cada día, le dije que no me llamara más y que yo iría cada tarde a las seis para atender a las personas que viniesen a ver al hermano Pepito.

     Ya en el primer mes de estar atendiendo a las personas que venían a ver al hermano Pepito ocurrieron dos hechos indicativos. El primer caso tuvo lugar cuando apareció un matrimonio que me dijo que tres meses atrás, cuando vinieron a ver al hermano Pepito, él les dijo que muy pronto tendría que desencarnar, a lo que el matrimonio exclamó: “¡Ay, hermano! ¿Qué haremos nosotros si usted no está?” El hermano Pepito  les tranquilizó diciéndoles que “el que tiene que continuar mi trabajo ya está preparado para hacerlo en nombre de Jesús”. El matrimonio le preguntó: “¿El que dice que ya está preparado es el muchacho que vemos por aquí tantas veces?” y el hermano Pepito les respondió afirmativamente: “Sí, ése es”. Yo les dije: ” Vosotros lo sabíais porque os lo había dicho el hermano Pepito en un estado de conexión espiritual, pero yo no sabía nada y en ningún momento de nuestra relación fraterna, de nuestro trabajo de análisis espiritual de lo que se recibía de las Entidades Superiores, en ningún momento el hermano Pepito me habló de que su desencarnar estaba cercano, ni tampoco me comentó que yo tuviese algo que ver con su trabajo de orientar a las personas. Yo me encuentro aquí sin saber realmente como tuvo lugar, como se fraguó en el mundo espiritual esta tarea o esta misión impulsada por Jesús y, desde luego, sin buscarlo ni pensar en desearlo, ya que yo tenía mi trabajo de conductor en una empresa y no podía sospechar, ni por un momento, que tuviese que hacer lo que estoy haciendo“.

     El otro caso ocurrió antes de finalizar el primer mes, cuando, al terminar con la última persona que vino a la consulta, me dirigí a Dios dándole gracias por permitirme ser útil en su nombre. De inmediato sentí que Jesús me decía: “¿Tú que haces aquí?” Y yo le respondí: “Intento ser un instrumento tuyo”, a lo que Él me contestó “Pues no me sirves”. Entonces yo le pregunté “¿Qué es lo que está mal?” ¿Qué es lo que hay que cambiar?” Y Jesús me dijo: “Cuando tienes ante ti a un hermano, tu amor fraterno quiere lo mejor para él, quiere que sus enfermedades se remitan, que sus problemas se resuelvan, que sea feliz, que tenga paz y todo lo que parece que pueda ser lo mejor par él, pero tú NO sabes que es lo mejor para él en este momento y Yo sí”. La lección que me dió entonces fue la siguiente: “Cuando deseas lo que crees que es lo mejor para tu hermano estas “creando una estructura espiritual” que ocupa toda tu cabeza y parte del canal que al empezar la tarde  has establecido conmigo al decirme: ” Amado Maestro aquí me tienes, hagamos lo que tengamos que hacer”. Cuando Yo quiero darte lo que tienes que transmitir a tu hermano  no encuentro lugar por donde  hacértelo llegar porque todo estaba ocupado”.  Comprendí la importancia de la lección que me daba Jesús y le dije: “¡Gracias, amado Maestro, por esta lección sobre la energía que yo no sabia!” A partir del día siguiente, cuando el Ser que venía a la consulta y antes de que dijera nada, yo movía vibraciones de amor y mantenía quieta mi mente sin pensamiento alguno, esperando recibir de Jesús lo que tenía que decir.

     Esta acción de amar y de anularme tanto como podía es lo que he venido realizando durante más de 58 años. Ahora puedo anularme totalmente, estando con la mente parada y permaneciendo a la espera de lo que Jesús quiera darme. Pero es una lección importante, es realmente una lección imprescindible, para que el Ser humano que desea servir a Jesús y ser un canal suyo pueda, de esta manera llegar a ser un instrumento suyo sin ningún impedimento. Tenemos que entender que cualquier pensamiento, idea, por correcta que sea, es una piedra en el camino por el cual tendrá que pasar la orientación de Jesús, ya que es imposible que el pensamiento que tengas, aunque sea bueno, correcto y lleno de amor, concuerde con lo que Jesús sabe que en ese momento es necesario transmitir. Jesús necesita, por lo tanto, que Sus Instrumentos formen un camino totalmente llano, bien liso y sin obstáculos y los obstáculos son los pensamientos, las ideas, las valoraciones que el Ser humano hace de las cosas materiales. La máxima humildad, que es llegar a un punto en que el Ser se anula y deja de ser como tal para pasar a sentirse uno con Dios, es un objetivo que todo Ser espiritual tendrá que llegar a conseguir con el tiempo, porque si razonamos lo que Jesús nos transmitió sobre la humildad al decirnos.

LA HUMILDAD ES INFINITA,

nos daremos cuenta de que la humildad es un estado interno elevado y en crecimiento constante pero muy lento, porque tiene que irse formando, a través del tiempo, un nivel de conciencia en que el Ser se va observando y comprendiendo que depende absolutamente del Creador, que TODO cuanto él es, de grados de pureza, de niveles de sensibilidad, de grados de conocimiento, de capacidades crecientes de amar, todo lo ha recibido de su Creador,, ya sea directamente o a través de sus enviados, como Jesús, María o los Seres de niveles superiores a los nuestros. Llegar a estados de unión con la Luz de la verdad que es Dios es llegar a “sentir” que la Humildad es el camino que conduce a la Unidad.