La Vida de Jesús

     Una enferma que estaba en la misma sala que la prima de mi madre, cuando mi madre fue a verla, le dijo: “¿Por qué no vais a ver al hermano Pepito, que es un curandero que hace cosas extraordinarias y puede curarla?”. Mi madre dijo que iría donde fuese necesario. Yo acompañe a mi madre a ver al hermano Pepito y pudimos entrar a su consulta a las once de la noche, de tanta gente que había. Entramos en la salita donde atendía a la gente y lo vimos detrás de un mostrador, y en su espalda, había una estantería con cajones llenos de diferentes hierbas medicinales. Al entrar, y sin esperar a que abriéramos la boca, el hermano Pepito nos dijo: “Llegáis muy justo; si hubieseis tardado algún día mas ya no se podría hacer nada”. Yo me pregunté: ¿Cómo puede saberlo, si no hemos dicho nada, ni hemos hablado de qué se trata? Y es que, en aquel tiempo, mis conocimientos espirituales y sobre las facultades extrasensoriales que puede tener un Ser humano eran nulos, porque no me había llamado la atención el análisis y la investigación de este campo espiritual. El hermano Pepito preparó un paquete de diversas hierbas y nos dijo que le diéramos una toma al mediodía y otra por la noche y que al terminar el paquete volviéramos por más.

     Por encima de todo este movimiento de energías yo puse atención en sus ojos y nos miramos fijamente por unos instantes. Se había iniciado una abertura de afinidad y el principio de un camino que, más tarde, sería fundamental para poder adquirir conocimientos espirituales crecientes, aunque en este momento no fuese consciente de ello y no pudiese saber lo que Jesús tenía preparado para ser cumplido por mí.

     Con relación a la prima de mi madre, tengo que decir que, al mes y medio de haberle dado diariamente las dos tasas de tisana, los doctores anunciaron, una vez realizados los análisis y las comprobaciones médicas, que la enfermedad se había dominado, estaba vencida y curada. Al día siguiente le dieron de alta.

     Yo tenía el convencimiento de que la curación de la prima de mi madre no se había producido por haberle dado las hierbas medicinales, aunque podía admitir que las hierbas hubiesen ayudado a la curación, sino que pensaba que la razón de su curación me parecía más convincente que hubiese sido producida por una energía movida por el sanador, una energía que era, en aquel entonces, desconocida para mi.

     A partir de este encuentro se produjeron continuos contactos entre el hermano Pepito y yo. Cuando analizo esta relación y los efectos de amor fraterno que se derivaron  y los conocimientos espirituales que se obtuvieron, a través de la distancia que representaba el tiempo transcurrido, más de sesenta y ocho años, me doy cuenta de que las energías que dieron impulso a esta relación no eran nuestras, sino que eran conducidas por Jesús con el objetivo de preparar mi estado interno en concordancia con lo que Él tenía dispuesto para ser ejecutado más adelante.

     Además de un extraordinario curandero, el hermano Pepito era médium, un médium de incorporación muy preparado y con canales bien limpios. Fue a través de su mediumnidad que entré en relación con Seres espirituales elevados, que respondían con Amor a las preguntas que les formulaba, dándome las respuestas con conocimientos espirituales profundos. Así se fue tomando en mi una estructura de conocimiento espiritual amplia y bien ordenada. esta relación y el trabajo de análisis y de investigación espiritual continuó hasta poco tiempo antes que el hermano Pepito desencarnara.

     A los pocos días de iniciarse la relación mediumnímica con el hermano Pepito, se despertó mi curiosidad por ver y conocer lo que decía Jesús en el libro La Vida de Jesús dictada por Él mismo. Después de tantos años de tenerlo en mi pequeña biblioteca sin tocarlo, entonces quise saber lo que dice, lo que contiene y ver en que medida lo que dice Jesús en el libro está en concordancia con lo que he recibido de los Seres espirituales elevados a través de la mediumnidad del hermano Pepito. Me pareció muy concordante lo recibido con lo escrito y, a partir de aquel momento, trabajé en el análisis de las palabras, las enseñanzas, las orientaciones y los consejos que Jesús daba en el transcurso de su obra.

     No obstante, debo decir que desde el mismo momento en que admití que Dios me había creado para hacerme llegar a la Sabiduría absoluta y a la perfección total y convertirme en un ejecutor de su Designio Divino, pensé que no debía buscar en ninguna religión, en ninguna filosofía, en ninguna teoría humana, el conocimiento que necesitaba para llegar al objetivo por el que fui creado, sino que tenía que dirigirme al primero, al Creador, al que me había creado y presentarle todas mis cuestiones, todas las preguntas que yo necesitaba tener resueltas, con respuestas bien claras y así continuar investigando, analizando y confrontando los elementos para formar una estructura teórica bien lógica y convincente. Desde entonces hasta el día de hoy dirijo diariamente a Dios, a Jesús y ahora también a María todas las preguntas que deben aclarar las dudas que se forman en mi acción razonativa y debo afirmar que siempre he recibido las respuestas necesarias, que siempre vienen en forma de impactos de luz, de pensamientos que surgen de improviso o de despertar mi atención sobre algo que está en mi entorno y, al analizarlo, aparece la relación con la cuestión planteada.