La Vida de Jesús

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(Del libro “la Misión Divina de Jesús” pag. 95 a 102)

     El contenido de la obra La Vida de Jesús Dictada por Él mismo es de gran importancia orientativa por los conocimientos que aporta sobre la personalidad del Ser Crístico que tomó el nombre de Jesús, por todo lo que expone de lo sucedido en tiempos de Jesús y por las enseñanzas que Jesús está transmitiendo a los Seres humanos de hoy. Evidentemente todo su contenido debe ser analizado con cuidado y atención, teniendo en cuenta lo que Jesús ya nos dice al respecto en la frase 197 del Compendio: “De mis instrucciones practicad un ANÁLISIS SERIO. No os atengáis a la forma, HACED UNA ANATOMÍA  DE SU FONDO. No critiquéis las palabras, ni las repeticiones de estas palabras; comprended su valor e indagad lo que ellas os exigen, lo que os traen y todo lo que os prometen en nombre de Dios”.

     Jesús desea que comprendamos bien el mecanismo de relación y de comunicación que siempre se produce entre el mundo espiritual y el mundo material y, en este sentido, nos transmitió la frase 289 del Compendio que dice: “Quisiera el Mesías poder introducirse en estrecha alianza con vuestro Ser para que sus palpitaciones hallaran eco decidido en vuestros corazones y que la luz que justamente ilumina su inteligencia pudiera igualmente brillar en la vuestra; más por encima de sus deseos está el cumplimiento de la Ley de Justicia que rige el mundo moral; es, pues, que A SUS DESEOS DEBEN RESPONDER LOS VUESTROS CON IGUAL INTENSIDAD y no lo hacen. Veis, mientras tanto, que la palabra le es difícil a Jesús encontrándose tan lejos de vosotros, que no le atraéis por el magnetismo de la simpatía, esto es por el amor sincero. Cuéstale a mi mismo interprete su tarea, por la enorme distancia que nos separa, por los MUCHOS INTERMEDIARIOS QUE FORMAN LA CADENA que desde Jesús hasta él llega y por la completa falta de ayuda por parte de los que le rodean y hacia quien estas palabras van, no obstante, dirigidas”

     Si tenemos en cuenta las recomendaciones que nos hace Jesús y las seguimos, podemos comprender la forma correcta que tendremos que adoptar para ir recibiendo los conocimientos, las orientaciones y los consejos que ÉL desea que recibamos y poder llegar a formar una unidad de instrumentación con Jesús.

     Después de todos los estudios, todos los análisis y todas las meditaciones sobre las enseñanzas de Jesús que he tenido que realizar durante toda mi vida física actual, ahora comprendo los objetivos que estaban en Jesús, dependientes de su Misión Divina de conducir a TODA la Humanidad hacia niveles superiores de conciencia. Ahora comprendo que pretendía Jesús al hacerme recibir la obra La Vida de Jesús Dictada por el mismo, cuando yo tenía quince años. esta obra permaneció en mi biblioteca sin ser tocada hasta que llegué a los dieciocho años, cuando, después de haber sido ateo durante mi primera juventud y en el campo de la filosofía, aparecen las preguntas habituales que se hace todo pensador , que son: ¿quién me ha creado?, ¿para qué he sido creado?, ¿hacia dónde me conduce todo?, ¿cuál es mi destino final? y muchas otras preguntas tendentes a dar claridad a la oscuridad de conocimiento trascendente  que estaba en mí.

     Cuando mi razonamiento admite como lo más lógico, como lo más verdadero, que el Ser espiritual o el Ser humano, cuando está encarnado, con la capacidad inteligente que tiene el Ser humano, ha sido creado por el Principio Creador que llamamos Dios y no por una Energía -a la que entonces dábamos el nombre de Torbellino Perpetuo y que ahora conocemos como Big Bang y que, hasta este momento, no sabemos que sea inteligente-, cuando este razonamiento se produce, la idea de que Dios me había creado, la idea de que Dios es el origen de todo lo que está en la infinita creación, adquiere la intensidad total y la plena aceptación.

     Ahora veo lo que antes no veía y me doy cuenta de que Jesús continuaba preparándome otras experimentaciones importantes, porque me acercaba conocimientos espirituales que no conocía, para que estuviese en condiciones de recibir y hacer lo que su Misión Divina tenía previsto para ser ejecutado. La primera experimentación fue ver el desarrollo de la enfermedad de una prima de mi madre. Esta prima estaba aquejada de tuberculosis pulmonar y la trataban en el Hospital Clínico de Barcelona con la terapia del neumotórax, que en aquel entonces -el año 1940- era la terapia adecuada. Tenía toda la parte derecha seca por el neumotórax y se le empezaba la aplicación en el lóbulo superior izquierdo. Los doctores dijeron que la enfermedad no se conseguía atajar y que, de seguir así, dentro de poco tiempo la pobre mujer ya no podría respirar. Por lo tanto, se tendría que esperar lo peor.