AGOSTO 🔈

31 de Agosto

31 Tomando el nombre de Hijo de Dios sabía que tenía el derecho para hacerlo: adelantándome hacia el abismo sabía que había caído en él. Me era agradable la amargura de la muerte, como hombre obligado a morir, y predecía a mis Apóstoles el abandono del que más tarde se hicieron responsables. Pedía fuerzas a mi elevada protección espiritual, y en mis alianzas humanas descendía a debilidades comunes a todos los hombres. Mi naturaleza era pues como todas las naturalezas humanas, dividida entre la atracción de la Divina Providencia y la atracción de las alegrías humanas, pero el progreso de mis pensamientos, cada vez mejor y más intensamente dirigidos hacia el horizonte celeste, tenía que destruir mis tendencias corporales, convirtiéndome en el Mesías inmortal. 

El hombre desvinculado de los estorbos mundanos, es real­mente el Hijo de Dios. (pg. 119).

⬆ AB12.- 2ª parte. Nada es lo que parece (29-6-21) (14′ 22”)